Conferencia P. Miguel

LA IMPRONTA DE DIOS EN LA HISTORIA DE LOS OBLATOS DE SAN JOSÉ
P. MIGUEL PISCOPO, OSJ
P. Miguel Piscopo
Acerca del P. Miguel

El Padre Miguel Piscopo, OSJ pertenece a los Oblatos de San José (OSJ). Fue Superior General de la Congregación del 2012 al 2018.

 Antes y después de su rol como Superior General, ha fungido en cargos clave como el de Asistente General de la Pastoral Juvenil, promoviendo los denominados "Valores Marellianos" inspirados en el fundador de la orden, San José Marello.

Su magisterio espiritual se enfoca firmemente en el carisma josefino. El Padre Piscopo promueve la imitación de San José como un modelo de vida interior, prudencia, calma ante las adversidades y servicio silencioso a la Iglesia y al prójimo.

LA IMPRONTA DE DIOS EN LA HISTORIA DE LOS
OBLATOS DE SAN JOSÉ

INTRODUCCIÓN

Queridos cohermanos de México y El Salvador y queridos laicos que están viviendo, junto con los Oblatos de San José, la espiritualidad Josefino Marelliana. Gracias por invitarme a esta importante celebración de los 75 Años de presencia de los Hijos del Marello en esta tierra linda y querida mexicana y salvadoreña. Los Oblatos, desde que llegaron aquí, hace 75 años, fueron guiados por el Espíritu Santo y orientaron sus pasos y su compromiso en la Evangelización y en la Promoción humana, poniéndose con entusiasmo y esmero al servicio del Pueblo de Dios. Veo, con mucha satisfacción, que los Oblatos de hoy continúan siguiendo los impulsos del Espíritu Santo evangelizando y promoviendo humanamente a la gente que los rodea. Esto me llena el corazón de alegría. Hoy, quiero agradecer solemnemente a todos y a cada uno de ustedes, religiosos y laicos Josefinos Marellianos, por su fé, testimonio, y pasión en su vivencia cristiana. Gracias por existir. Ustedes todos juntos (religiosos, sacerdotes y laicos) forman la bella FAMILIA JOSEFINO-MARELLIANA DE LA PROVINCIA DE MÉXICO. Esta Provincia nació del corazón misionero de los Oblatos provenientes de California y luego se tornó misionera en tierras salvadoreñas. Todo es un proyecto de Dios

REFLEXIÓN BÍBLICA

Quiero proponerles 3 citas del Evangelio que, sin duda, han iluminado y continúan iluminando la vida de los Oblatos y de los fieles unidos a ellos.

A. La Visitación de Maria a Isabel (Lc 1:39)

María, una laica, es escogida por Dios para ser coprotagonista del Plano de Salvación. Luego Dios escoge otro laico, José el carpintero, como segundo coprotagonista. Jesús es el primero, el verdadero protagonista de este Plano.

Al aceptar la voluntad de Dios, la Virgen se quedó embarazada del Hijo de Dios, que se formaba en ella. La presencia de Jesús en ella le abrió los ojos del corazón. Y sabiendo que su prima Isabel necesitaba de ayuda, inmediatamente se puso en camino, sin calcular el peligro, para una mujer tan joven, de un viaje de 5 días. María es el ícono del misionero. Este es un bautizado que tiene Jesús en su corazón, un Jesús vivo que lo empuja a ponerse a servicio de los demás. El Señor hace crecer en él el deseo, las ganas de anunciarlo y las ganas de ayudar a los necesitados. Hay dos categorías de misioneros: hay quién sale de su tierra y va lejos (y es la experiencia que yo hice por 21 años). Y hay quien se queda en su tierra, en su ciudad y en su comunidad parroquial. Y estos misioneros son la gran mayoría en la Iglesia. Los primeros Oblatos que llegaron a esta tierra bendita tenían a Jesús vivo en su vida, un Jesús que los envió lejos a evangelizar. Hoy también los miembros de la Familia Josefino Marelliana deben tener a JESÚS en su corazón y entregarse a la Evangelización y a la Promoción Humana.

B. «Los llamó para que ESTUVIERAN con Él y también para enviarlos a PREDICAR» (Mc 3, 14)

Estas palabras de Jesús hacen parte del relato de la elección de los Apóstoles y presentan la prioridad del seguimiento del Mesías: primero “Estar con Jesús” y luego, como consecuencia, “Ir al apostolado”. Estas palabras se pueden aplicar a todos los bautizados, y no sólo a los sacerdotes. La primacía de Dios y de la vida espiritual no es para nosotros una opción, sino que constituye el punto de apoyo de la vida del creyente. Somos cristianos en la medida que estamos unidos a Dios. Esto significa: vivir la experiencia de Dios; abandonar su propria vida en sus manos; ser como el barro en las manos del alfarero. Hay que convertir continuamente el corazón, alejando de nosotros todo lo que es indigno de un bautizado. Estar con Jesús es no ceder a la tentación de perder los valores innegociables del Evangelio. Cuando nosotros nos acercamos a Dios, más Dios nos empuja hacia los demás. Fuimos elegidos por Dios para ser constructores del Reino, para cultivar el hambre y la sed de justicia y fraternidad en la sociedad. Pero todo esto será posible si nutrimos en nuestro interior, como nos enseñó S. José Marello en la «intimidad con Jesús», como hizo el Carpintero de Nazaret. Todo esto los vivieron los primeros misioneros Oblatos y lo deben continuar viviendo los Oblatos y Laicos de hoy.

C. “ID, pues, y HACED discípulos a todos los pueblos, BAUTIZÁNDOLOS en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; ENSEÑÁNDOLES a guardar todo lo que os he mandado”. (Mt.28, 19-20).

Jesús, antes de subir al Cielo, dio esta orden, bien clara, a sus apóstoles y a sus sucesores:

Ø ID = Él nos envía al mundo, a la sociedad. No podemos quedarnos estancados en los muros de nuestras casas o de nuestras parroquias. Tenemos que salir de las estructuras eclesiales cerradas e ir a las periferias humanas, geográficas, sociales, culturales y económicas, como decía el gran Papa Francisco. Un cristiano en el mundo debe ser distinto y diferente de los demás, pero no distante de la gente. Debemos estar en el mundo, participando de su historia y de sus luchas para una sociedad mejor, sin dejarnos esclavizar por los que persiguen sólo los intereses personales. Debemos sanar y humanizar la sociedad. Hoy más que nunca se necesitan misioneros, personas que no se encierren en su pueblo o patria; personas apasionadas por la vida y valientes, que no teman afrontar el sacrificio y las dificultades y que luchen por una vida digna para todos, donde nadie pase hambre; todos tengan hogar y trabajo.

Ø HACED DISCÍPULOS A TODOS LOS PUEBLOS. no con sermones, sino con los ejemplos de su propia vida de fe, de justicia y honradez; con pequeños gestos concretos del día a día, sabiendo que hay personas que no conocen a Jesús, o que no tienen interés en Jesús y en su Evangelio.

Ø BAUTIZANDOLOS. La Iglesia por su naturaleza es misionera y en el Bautismo todos nos hacemos misioneros. Todos hemos sido elegidos para ser testigos de Jesús en medio de un mundo a veces hostil. Somos «sal y luz» de la sociedad. Y lo seremos si tenemos la misma pasión que Jesús tenía en su corazón. El mismo ardor de Jesús debe arder en nuestro corazón.

Ø ENSEÑÁNDOLES A GUARDAR TODO LO QUE OS HE MANDADO Tenemos que difundir la Buena Nueva del Evangelio, presentando el verdadero rostro de Dios, que es el de un Padre bueno, que nos ama como una mamá. Tenemos que difundir la Buena Nueva de que todos somos hermanos y hermanas y que debemos ayudarnos unos a otros. Todos conocemos las muchas contradicciones que existen entre el estilo de vida del mundo y el del Evangelio. Por eso Jesús nos eligió en el Bautismo para ser sus testigos en medio de un mundo complicado y difícil. Nosotros los bautizados tenemos que presentar a las personas alejadas de Dios y de la Iglesia, el nuevo estilo de vida evangélico (humilde, pobre, no violento, solidario). No podemos quedarnos dormidos delante de un mundo sumiso al egoísmo y arrogancia y a las estructuras injustas, que generan más injusticia, violencia y muerte. Tenemos que construir, a la luz del Evangelio, el Reino de Dios, aquí en la tierra. Mas todo esto será posible, como nos enseña S. José Marello, a vivir en la intimidad con Jesús y a servir sus intereses.

LA MISIONARIEDAD DE LOS OBLATOS DE SAN JOSÉ

S. José Marello, en una carta enviada a su amigo sacerdote Stefano Delaude, dice, “He aquí pues nuestra misión: hacer conocer, hacer amar, hacer practicar la Doctrina de Jesucristo”. El Fundador estaba proponiendo una solución a los problemas de la sociedad, que es la de predicar a Jesucristo, hacerlo conocer y vivir su doctrina. Esto, en efecto, es el corazón de la misión: la persona y la enseñanza de Jesucristo.

El jóven Obispo José Marello dedicó su última 7a Carta Pastoral al tema de la Misionariedad. Empieza diciendo que Jesús quiso que sus Apóstoles continuaran su predicación en todo el mundo, enfrentando con serenidad las dificultades de la misión, sin esperar intervenciones milagrosas del Cielo. En esta carta manifiesta su preocupación hacia con los hombres que en el mundo estaban lejos del Evangelio y víctimas del mal y que vivían sin la luz de la fe. Demuestra, también, una firme sensibilidad hacia las mujeres afirmando que, en muchos lugares, donde no llegó el Evangelio, no tenían derecho a la libertad y estaban sumisas a los hombres, que a veces las maltrataban. Para el joven Obispo de Acqui era importante el trabajo misionero sea a nivel tanto espiritual como social. Por eso exhorta, a la comunidad diocesana, a acompañar a los misioneros con sus oraciones y sus donaciones. Para él era un deber importante del bautizado cooperar en algún modo a la difusión del Evangelio. Sus hijos, los Oblatos, tienen en su ADN la tarea de curar los “intereses de Jesús”, lo que “de día en día la Providencia señala”. Esto es saber leer los signos de los tiempos”. Lo sabemos, primera misión de la Iglesia es la de “Evangelizar”, proclamando la Buena Noticia del Plano de Salvación, Plano nacido en el corazón de Dios. Jesús vino para liberar a los hombres de las estructuras opresivas del pecado y para enseñarnos, por medio del Evangelio, un nuevo estilo de vida en la sociedad.

Y la segunda misión de la Iglesia, unida fuertemente a la primera, es la de la “Promoción Humana”. Es decir, la búsqueda del desarrollo integral de la persona, en el respeto, en la justicia, en la libertad, en la democracia y en la no violencia. Todo esto está explicado en la Doctrina Social de la Iglesia. Los hijos del Marello iniciaron a ser misioneros en la misma Italia, en la región del Piamonte, poniéndose al servicio de las Diocesis; dirigiendo oratorios para los jóvenes; apoyando a los párrocos en la predicación, confesiones y dirección espiritual; animando comunidades sin sacerdote; organizando catequesis y liturgias; reparando estructuras eclesiales abandonadas. La Divina Providencia quiso que la Congregación abriera sus puertas y saliera de Italia, mirando de lejos a toda la Iglesia universal, donde era más urgente llevar a Jesús. Y continuando fiel a su identidad, los Oblatos empezaron a enfrentar los retos de la Evangelización en lugares de gran precariedad material y espiritual, en situaciones que incluían desafíos y alguna vez persecuciones. Fue así que en 1915 los hijos del Marello fueron a vivir y enseñar el Evangelio en Filipinas, empezando, así, a escribir una nueva y heroica página histórica. Poco a poco se hicieron presentes en América Latina, Asia, África, Oceanía, Europa. Hoy estamos presentes en 16 países, siempre entre gente sencilla, más llenas de valores humanos.

Las Reglas de los Oblatos de San José

especifican claramente el estilo de la misionariedad de los hijos del Marello.

• “Cristo ha venido entre los hombres, para que tengan vida” (C59) el OSJ es un generador de vida

• “Dios llama algunos bautizados para la misión, entre estos están los Oblatos de San José”. (C59) el OSJ es un escogido de Dios

• “San José Marello quiso que los Oblatos llevaran a Cristo al mundo según su modelo San José, quien fue el primero en la tierra en cuidar de los intereses de Jesús” (C59) el OSJ es un apóstol que vive en medio del pueblo y tiene como modelo a S. José.

• “Los Oblatos optan servir a la Iglesia en actividades y lugares humildes, contentos de realizar los trabajos más simples y ordinarios con amor extraordinario.” (C60), el OSJ trabaja con humildad y disponibilidad a las tareas más simples

• “Los Oblatos misioneros respeten la cultura, usos y costumbres, condiciones sociales y mentalidad de la gente con quien viven. Aprenden el idioma, comparten su realidad” (C62), el OSJ tienen que entrar en el corazón humano, histórico y cultural de la gente.

• “La Iglesia tiene la misión de salvar al hombre en su dignidad integral. Por lo tanto, a ella corresponde dar su propio juicio sobre asuntos de orden social, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana”, el OSJ defensor de los derechos humanos

• “Los Oblatos reafirman la importancia de la doctrina Social de la Iglesia, como parte integral de la concepción cristiana de la vida y se esmeran para traducirla en esfuerzos operativos” (C66), el OSJ vive y sigue los principios de la Doctrina Social de la Iglesia

• “Inspirándose el Fundador, que fue muy sensible a las pobrezas de su tiempo los Oblatos al aceptar nuevos campos de trabajo, escogen con preferencia a los pueblos con mayor necesidad de que les anuncien la fe o les ayuden a preservarla y conservarla” (C78) el OSJ está llamado a vivir entre los pobres, no sólo a nivel económico más también a los pobres a nivel moral.

• “S. José Marello predicó el Evangelio no sólo anunciando a Jesús, mas también con una activa preocupación por el desarrollo humano y social de su pueblo. Siguiendo el ejemplo del Fundador y las enseñanzas de la Iglesia, los Oblatos son conscientes de que no pueden proclamar integralmente el Evangelio sin preocuparse con viva sensibilidad también del desarrollo humano en la justicia y en la verdad, convencidos que la consagración no los hace ajenos a los hombres o inútiles para la sociedad” (C79), el OSJ comprometido a instaurar el amor, la fraternidad y la no violencia en el mundo.

• “Los Oblatos desarrollan gustosamente la labor pastoral en las periferias, o sea en favor de las personas con mayores dificultades y en situaciones de mayor necesidad: los marginados, los inmigrantes, personas y pueblos víctimas de la exclusión social y de una cultura del descarte, especialmente los menores, víctimas del abandono y de la violencia etc., reconociendo en dichas personas la altísima dignidad de hijos de Dios. Los Oblatos facilitando con su presencia y obra la solución de sus grave problemas, actuarán de tal manera que estas personas sean protagonistas de su promoción humana” (R37) El OSJ colabora con instaurar la justicia social en el mundo.

• “Los Oblatos asumen y promueven las iniciativas de pastoral social contenidas en los documentos pontificios y de las Conferencias Episcopales” (R 38) El OSJ sigue las líneas pastorales de la Iglesia.

BREVE HISTORIA DE LA
PROVINCIA MEXICANA DESDE EL 1950 AL 1962

1950 – PREPARATIVOS PARA LA APERTURA DE LA MISIÓN DE MÉXICO

La Provincia Oblata de California siempre desarrolló un lindo apostolado misionero evangelizador y de promoción humana con los inmigrantes mexicanos y de toda Latinoamérica, aprendiendo a hablar español y a familiarizar con las costumbres y la cultura de las diferentes comunidades, especialmente las mexicanas. Fue por eso que del 8 al 15 de octubre de 1950, los Padres Silvio Masante y Giorgio Marenco, de la Provincia Norteamericana, enviados por el Rector Mayor y al apoyo del Vicario Provincial, Padre Mario Buttini, viajaron a México. Primero visitaron al Delegado Apostólico y al Arzobispo de la Ciudad de México. Luego, se presentaron ante el Obispo de San Andrés-Tehuantepec, quien les mostró algunos de los lugares que tenía previsto encomendarles. También visitaron a los obispos de Jalapa, Oaxaca, Monterrey y Huajuapan. Todos los recibieron con los brazos abiertos. El arzobispo de Monterrey había insistido en que los Oblatos se establecieran en su diócesis. Los padres Masante y Marengo tuvieron una impresión muy positiva y se mostraron muy entusiasmados por las grandes oportunidades que se le presentaba a la Congregación en México, especialmente en vista de numerosas vocaciones. El 26 de octubre de 1950, cado uno de ellos escribió al Rector Mayor, informándole de la posibilidad de que la Congregación se estableciera en México.

El P. Marenco especificó que, por diversas razones logísticas y financieras, en primer lugar, se debería aceptar una Parroquia en la gran ciudad de Monterrey y que luego se podría aceptar Tehuantepec. Concluyendo su carta escribió: «Considero mi deber recalcar que México se nos presenta como un vasto y magnífico campo de ministerio y vocaciones, donde la Congregación puede dar gran gloria a Dios y, al mismo tiempo, encontrar los medios materiales para llevar a cabo su labor con facilidad».

El P. Masante. concluyó su carta, así: «En una reunión del Consejo de California, convocada por el padre Buttini, todos nos mostramos entusiasmados y coincidimos en no desaprovechar tan maravillosa oportunidad de abrir un campo para nuestra querida Congregación en México. Los padres Marenco y Mazzucco se ofrecieron a partir de inmediato para establecerse allí. Representa un gran sacrificio de personal para nosotros, pero nos parece que es por el bien mayor de nuestra querida Congregación. No aceptar esta oferta en México nos parece casi un crimen contra las almas y contra la Congregación». Junto a las dos cartas, se adjuntó una nota del Delegado Apostólico en México, Mons. Guglielmo Piani, el cual expresó sus más sentidas felicitaciones por el proyecto y agradeció a los Oblatos de San José por el bien que habían hecho y seguían haciendo en Filipinas. (Mons. Piani había sido Delegado Apostólico en Filipinas y había mantenido una estrecha relación con los Oblatos). El Delegado Apostólico, además de su bendición, les aseguró «un lugar en la Ciudad de México para un seminario para las vocaciones». Y así que el 14 de noviembre de 1950, los Oblatos de California presentaron una solicitud oficial y urgente al Rector Mayor P. Luis Rosso para que se abriera una sede de la Congregación en México, en la ciudad de Monterrey, explicando las razones y expresando su esperanza de una decisión favorable.

1951 – INICIO DE LA MISIÓN

El día 8 de enero de 1951, el Consejo Superior de Asti examinó la solicitud de la apertura de la Misión de México. El Rector Mayor dio el permiso, más diciendo que los cohermanos de Estados Unidos tenían que enviar el personal, porque de Italia no podían enviar a ninguno. En California empezaron a prepararse con entusiasmo a este nuevo reto apostólico. Durante el mes de agosto, el P. Silvio Masante visitó Monterrey, donde se iba a instaurar la primera comunidad oblata. Lo acompañó el Delegado Apostólico, Mons. Guglielmo Piani. Los dos, también, visitaron la región del Mezquital, donde el delegado pensaba establecer una Prelatura y encomendarla a los Oblatos. El 25 de agosto, el P. Masante envió una carta al Consejo Superior presentando la propuesta del Delegado Apostólico de encomendar a los Oblatos una misión en la región del Mezquital, en el estado de Hidalgo, entre 1.700 a 2.100 metros de altura, a unos 200 km de la capital; conectada por autopistas, con electricidad y servicio telefónico. Vivian allí 75.000 habitantes de “etnia otomí”, distribuidos en nueve parroquias con hermosas iglesias y casas parroquiales. Había dos centros principales, con iglesias como «verdaderas catedrales» y casas parroquiales que eran «verdaderos conventos». El P. Masante estaba entusiasmado. El clima era excelente y las autoridades religiosas y civiles brindaban un gran apoyo. Inicialmente, seis sacerdotes habrían sido suficientes, tres para cada centro principal. Más California podía enviar soló tres oblatos. El Arzobispo de la Ciudad de México y el Obispo de Tulancingo, a quienes pertenecía el territorio, estaban dispuestos, cuando hubiera un número adecuado de misioneros, al menos diez o doce, a convertirlo en una Misión independiente, con la solicitud al Papa de crearla una Prelatura Nullius. Mientras se consideraba la posibilidad de una Prelatura Nullius, el 14 de septiembre se firmó el acuerdo con el Arzobispo de Monterrey para la aceptación de una parroquia en esa ciudad, teniendo en cuenta la perspectiva hecha por Monseñor Piani ya el año anterior, al comienzo del proyecto para una Misión en México, de “un lugar para establecer un Seminario y como centro de ingresos y vocaciones”. El Delegado Apostólico, el 17 de septiembre, solicitó al Rector Mayor una respuesta, que llegó un mes después: «Se examinará la oferta de la "Prelatura nullius", con nueve parroquias y varias capillas en México. Se aceptará siempre que los Oblatos de Norteamérica proporcionen un buen Superior para presidir esta misión». El Consejo estaba considerando al P. Silvio Masante. En California la despedida a los dos nuevos misioneros para México tuvo lugar el domingo 4 de noviembre en el Noviciado de Tomales con la entrega de los crucifijos con la participación de los cohermanos, los novicios y muchos fieles. El 12 de noviembre de 1951 los dos Padres comenzaron su presencia en Monterrey, ciudad de aproximadamente 400,000 habitantes, en el estado de Nuevo León, en el noreste de México; a poco más de 900 km al norte de la Ciudad de México. Era una Arquidiócesis Metropolitana y la tercera ciudad más grande e importante del país. La parroquia encomendada a los Oblatos de San José, con la capilla del “Templo del Espíritu Santo” y la casa parroquial, tenía aproximadamente 20,000 habitantes. Estaba ubicada en la parte norte y moderna de la ciudad e incluía el área conocida como “Colonia Anáhuac”, “Colonia Chapultepec”, “Colonia Topo Chico” y el campus universitario. El entusiasmo era grande entre los hermanos de Pensilvania, tanto que los Padres Tulio Brida y Bronius Kaunas expresaron su disposición a ir a México. El 20 de diciembre el Consejo Superior consideró la conveniencia de aceptar la propuesta del Delegado Apostólica sobre una futura “Prelatura Nullius” en Mezquital, más persistían algunas incertidumbres, especialmente en cuanto a la disponibilidad del personal que se enviaría. El Rector Mayor, P. Luis Rosso envió una carta a Monseñor Piani sin tomar ninguna decisión concreta.

1952 – LOS PRIMEROS PASOS DE LA MISIÓN DE MÉXICO

Los Padres P. Silvio Masante y Vincenzo Mazzucco habían despertado tal entusiasmo y cooperación entre la gente que el 19 de marzo se inició la construcción de la gran iglesia parroquial, el "Templo del Espíritu Santo", cuya finalización se esperaba para Navidad. El costo de la construcción superaba los 90 millones de liras. El P. Masante dijo que "hasta ahora no han faltado fondos, y todo indica que no faltarán". El día 4 de abril el Delegado Apostólico, al no haber recibido ninguna noticia de los Superiores sobre la Misión en Mezquital y la posible Prelatura o Prefectura Apostólica, envió el siguiente telegrama a Asti: “Por favor, responda sobre la Misión de Mezquital”. El mismo día, el Rector Mayor respondió: «Tengo un gran deseo de aceptar esta invitación, tan fuertemente respaldada por nuestros Padres en Norteamérica. Tengo casi certeza, de que puedo tener éxito, y oro y pido a otros que oren por este propósito. Pido de esperar unas semanas más para considerar mejor la elección del personal”. P. Luigi Rosso estaba pensando enviar a México un Oblato desde Filippinas. Monseñor Piani respondió al Superior manifestando su “profunda satisfacción y gratitud”, y pidió que enviara lo antes posible al menos a los Padres de California destinados a Mezquital, “de esta manera tomarían posesión inmediatamente de la región confiada a su apostolado y prepararían todo lo necesario para la llegada de los demás cohermanos”. El 2 de mayo el Rector Mayor escribió al P. Silvio Masante diciéndole que Mons. Piani ya había recibido la respuesta de que "estamos dispuestos a aceptar la propuesta que se nos hizo y que cuatro sacerdotes podrían llegar en breve, de manera que él tomara cargo de la dirección de esta nueva obra”. En julio, P. Masante envió al Rector Mayor el acuerdo firmado el 28 de junio en la Ciudad de México por el Arzobispo Luis María Martínez y Rodríguez, el Obispo de Tulancingo, Monseñor Miguel Darío Miranda y Gómez, y el propio P. Masante. Este es en resumen el contenido de este acuerdo: los Oblatos tomarían la responsabilidad de 8 parroquias en la zona de Mezquital del Estado de Hidalgo; 6 en la Arquidiócesis de la Ciudad de México y 2 en la Diócesis de Tulancingo. Además, se solicitaría a la Santa Sede que estableciera esta zona como Vicariato Apostólico; que dentro de seis meses la Congregación enviaría al menos seis misioneros. En fin, cuando los misioneros Oblatos hubieran alcanzado el número de veinte religiosos, el Arzobispo de la Ciudad de México y el Obispo de Tulancingo procederían a la Santa Sede, a través de la Delegación Apostólica, con los trámites para la erección del Mezquital como Prelatura. Durante el VI Capítulo General de la Congregación, llevado a cabo en Asti en el mes de agosto de 1952, el P. Masante presentó un Informe más que positivo sobre la situación de la Misión en Monterrey, diciendo que: “Esta zona incluye un área de aproximadamente 35 km de recorrido, con nueve parroquias y 250 iglesias y capillas, con una población de 100,000 almas. Tiene un clima ideal (dicen que el mejor de México) y está atravesada por tres carreteras, por lo que las comunicaciones son muy fáciles”. Luego presentó el Convenio y el proyecto del futuro Vicariato Apostólico, con miras a ser una Prelatura Apostólica. El todo fue una descripción positiva y entusiasta, más no mencionaba las dificultades y problemas relacionados con el personal y al mucho trabajo. En México se esperaba el envío de nuevos misioneros a Mezquital, mientras que P. Masante y P. Mazzucco continuaron atendiendo la Parroquia del Templo del Espíritu Santo en Monterrey y preparándose para la llegada de los cohermanos. Mientras tanto, el 10 de septiembre, el primer aspirante al sacerdocio, el joven León Emmanuel, llegó desde México y fue admitido al noviciado de Tomales (California), junto con otros cinco nuevos novicios

1953

Gracias al trabajo y entusiasmo del los Padres Masante y Mazzucco la construcción de la Casa y Templo Parroquial del Espíritu Santo en Monterrey procedía bien. Todos estaban esperando de cumplir la Convención con los obispos para nuestra presencia en el Mezquital. El 31 de enero llegó el primer misionero, P. Alberto Libardoni, proveniente del Perú, que conocía muy bien el español y tenía experiencia de vida misionera y las asumió parroquias de Alfajayucan y luego a los de Miquilpa. Después llegaron otros cuatro Oblatos: el P. Serafino Bortolotti, proveniente de Bolivia, P. Pío Stefani, P. Albino Ferrarotti y el P. Giovanni Stramare. No fue posible enviar otros hermanos. En consecuencia, debido a la falta de un número suficiente de sacerdotes, no se pudo establecer el Vicariato Apostólico ni la Prelatura. A finales de 1953 la Misión Mexicana, dirigida por los pioneros P. Silvio Masante como Superior y Vincenzo Mazzucco como Ecónomo, contaba con 7 sacerdotes, 4 casas y 9 parroquias:

1) Monterrey con P. Masante como párroco, el P. Mazzucco como vicario parroquial y el P. Stefani como vicario parroquial y profesor de música en la "Ciudad de los Niños".

2) Ixmiquilpan con el P. Libardoni párroco y el P. Ferrarotti como Pro-Rector y Ecónomo

3) Huichapan con el P. Bortolotti como párroco y Vicario Foráneo;

4) Alfajayucan con el P. Stramare como párroco.

Los Oblatos en el Mezquital servían a aproximadamente 75,000 indígenas. Mas atendían otras seis parroquias vacantes (Tasquillo, Chapantengo, Lagunilla, Tepetitlán, Tecozuatla y Chilcuautla).

1954

Los Oblatos de México no se cansaban de solicitar refuerzos. En este sentido, el Delegado Apostólico, escribiendo a los Superiores lamentó la falta de un Superior responsable de los Oblatos en el Mezquital y no mencionó más el plan inicial de una Prelatura, por no contar con un número suficiente de sacerdotes. El superior de la Misión, el P. Silvio Masante, estaba muy ocupado con el trabajo pastoral y con la finalización de la construcción de la nueva y gran iglesia. Y el 19 de marzo, aun cuando no del todo acabado, el templo comenzó a funcionar. El aspecto positivo fue que el número de las vocaciones empezaba poco a poco a crecer. En efecto en el Noviciado do Tomales (California) se encontraban los jóvenes Emmanuel León, candidato al sacerdocio y Ricardo Benavides, aspirante a Hermano Coadjutor. El Obispo de la diócesis de Tulancingo, a la que pertenecían las parroquias de los Oblatos, organizó el Año Mariano en su Diócesis con celebraciones de cinco Congresos marianos. Eligió la parroquia oblata de Ixmiquilpan como sede del primero que se llevó a cabo el 15 y el 16 de octubre. Todos los Oblatos del Mezquital ayudaron al párroco P. Alberto Libardoni para que todo saliera bien. La preparación, que duró tres semanas, involucró a toda la ciudad, incluso las autoridades civiles, reacias a asistir a eventos religiosos. Todos participaron con gran entusiasmo. El obispo diocesano y el obispo auxiliar de la Ciudad de México fueron recibidos con gran júbilo en las varias celebraciones: servicios religiosos, rosarios, conferencias y una gran procesión de clausura. Los fieles acudieron en gran número al evento, especialmente para la Misa, las confesiones y las comuniones. Los obispos «elogiaron la labor realizada por los padres josefinos de Mezquital; pero señalaron el reducido número de sacerdotes en comparación con la inmensa extensión del campo de trabajo. Expresaron la esperanza de que pronto llegaran otros misioneros igualmente celosos y deseosos de trabajar en esta desolada viña del Señor».

1955

Los Oblatos realizaban una ardua labor en un vasto territorio, en Monterrey y aún más, debido a las mayores dificultades religiosas, sociales y económicas, en Mezquital. Su apostolado fue apreciado por todos, incluida la Federación Católica Italiana de California. También el número de los primeros Oblatos mexicanos aumentaba: El hermano coadjutor Richard Benavides volvió a México en marzo, tras su noviciado y su primera profesión de votos religiosos. Mientras el clérigo Emmanuel León cursaba el primer año en el Seminario Filosófico de Pittston; y los jóvenes estudiantes Ezequiel Barragán y Juan José Pérez iniciaron su noviciado en Tomales. Lastimosamente el P. Serafino Bortolotti, párroco de Huichapan, decidió dejar la Congregación en octubre y se incardinó primero en la Arquidiócesis de la Ciudad de México y luego fue recibido definitivamente en la Arquidiócesis Metropolitana de Santa Fe en Nuevo México. A principios de 1955, el P. Alberto Libardoni acogió en Ixmiquilpan a dos de las Hermanitas de Jesús del P. Charles de Foucauld. Ellas se establecieron en la aldea de Orizabita, la zona más pobre del Mezquital. Y al final de 1955 el P. Vincenzo Mazzucco, quien había iniciado la Misión en México con el P. Silvio Masante en Monterrey regresó a California y se dedicó como misionero para los italianos de la ciudad de Sacramento.

1956

El Rector Mayor, P. Luigi Rosso, junto al P. Buttini, Delegado Provincial, realizaron en marzo la Visita Canónica a los cohermanos en México. Se quedaron unos días en Monterrey y luego viajaron al Mezquital. En Ixmiquilpan se reunieron con todos los Oblatos a quienes predicó el Retiro Espiritual, antes de comenzar la Visita a todas las comunidades. Luego el Rector Mayor regresó a Monterrey para realizar la Visita Canónica a la Comunidad. En la mañana del 15 de enero se celebró el 25 aniversario del sacerdocio del P. Silvio Masante, quien presidió la solemne Misa Jubilar, seguida por una recepción en el salón parroquial por parte de los feligreses y sus admiradores. Y en la tarde llegó el Arzobispo Metropolitano de Monterrey quien realizó el rito de bendición del grandioso y artístico Templo del Espíritu Santo. Participaron, también, todos los cohermanos que trabajaban en México. Al final del día, varios cientos de fieles de la parroquia ofrecieron una cena en honor del Padre Masante, del Arzobispo y del Rector Mayor en un restaurante de la ciudad. Un gran retrato del Obispo Marello destacaba al fondo del salón. Dos días después, el Rector Mayor partió de México hacia California. Volviendo a Italia, el Rector Mayor, en la reunión del Consejo Superior, habló de la Misión de México, describiéndola como «hermosa» y con «buena comunicación» entre las tres residencias y la Ciudad de México”. Añadió que los pocos sacerdotes estaban «muy ocupados» y trabajaban «con verdadero entusiasmo y celo apostólico». Para él, esa Misión tenía futuro; pero era necesario aumentar el personal «antes de que los que ya están allí se agotaran». El Consejo se mostró favorable a esta joven Misión y coincidió en la necesidad de aumentar rápidamente el personal. Mas durante este año, lamentablemente, hubo dos defecciones: el P. Serafino Bortolotti decidió vivir fuera de la Congregación y el hermano coadjutor Richard Benavides, dejó voluntariamente la familia de los Oblatos. Y así el personal de la Missión se redujo a cinco sacerdotes: uno en la gran parroquia del Espíritu Santo en Monterrey y cuatro en el Valle del Mezquital, en tres comunidades: Ixmiquilpan, Huichapan y Alfajayucan y nueve parroquias con una población total de más de 75.000 habitantes. Aunque reducidos a cinco, los hijos del Marello continuaron su apostolado, confiando en la promesa de los Superiores de enviar pronto más sacerdotes cohermanos. En Monterrey, además de la atención pastoral, se buscaba despertar el interés de los católicos adinerados por las obras en Mezquital y reclutar y formar a jóvenes aspirantes a la vida religiosa y sacerdotal en la Congregación. Mientas tanto el P. Alberto Libardoni, párroco de Ixmiquilpan, viajó a Italia para visitar a su madre, que se había quedado sola y para descansar, después de un largo y agotador apostolado como misionero, primero en Perú y luego en el Mezquital. Había estado ausente de Italia desde 1948. Cuando volvió a México trajo a su madre a vivir con él. A pesar de todo, la Misión ofrecía buenas esperanzas en cuanto a las vocaciones. En el Seminario Filosófico de Pittston, el clérigo Emmanuel León cursaba el segundo año y en Tomales había dos novicios, Ezequiel Barragán y Juan José Pérez. En Monterrey, el padre Masante finalmente había establecido un seminario en la Casa con ocho jóvenes estudiantes que aspiraban a la vida religiosa y al sacerdocio, realizando así el proyecto que había estado en marcha desde 1950, al inicio de la Misión en México.

1957

El Rector Mayor, para cumplir su promesa de enviar nuevos misioneros, el 23 de febrero, en el Santuario de San José de Asti, entregó los crucifijos a tres nuevos misioneros para México: el P. Emilio Tunesi, hermano menor del P. Enrico, misionero en Filipinas, el P. Leonardo Prota, (ambos sacerdotes desde hacía menos de dos años), y el P. Saverio Galler, sacerdote desde hacía menos de un año. El día siguiente, el padre Prota y el padre Galler partieron de Génova en vapor. Mientras que el P. Tunesi, partió unos días después, el 6 de marzo. Ellos fueron recibidos, con mucho entusiasmo, por el Superior de la Misión, el padre Silvio Masante y el P. Vincenzo Mazzucco (quien había vuelto a Monterrey). El 16 de marzo llegaron al Mezquital: el padre Galler se detuvo en Ixmilquipan con el padre Alberto Libardoni; el padre Prota en Huichapan con el padre Pío Stefani; y el padre Tunesi en Alfajayucan con el padre Giovanni Stramare. La Misión Mexicana contaba ahora con ocho Oblatos: dos en Monterrey y seis en el Mezquital. El padre Prota, en Huichapan, poco después de llegar a México, fundó los Boy Scouts y las Guías e informaba en Italia del camino de la Misión por medio de artículos titulados «En el Valle del Mezquital», publicados en el informativo de la Congregación, el Joseph.

1958

El 12 de agosto, el nuevo Delegado Apostólico de México, Monseñor Luigi Raimondi, de Acqui, llegó a la Casa Madre y se reunió con los Superiores y, después de haber expresado admiración y satisfacción por el trabajo de los Oblatos en el Valle del Mezquital, pidió el refuerzo de otros cohermanos porque era “urgente enviar otros misioneros” en la vasta región de Mezquital, rogando “que tome el asunto en serio y someta esta apremiante necesidad a la consideración de los Reverendísimos Padres Capitulares”. En Asti se reunió el 7° Capítulo General y como representante de la Misión fue enviado el P. Pio Stefani, quien intervino leyendo el informe escrito en el que los Oblatos de México solicitaban que se les concediera la independencia de Estados Unidos como verdadera misión, debido a las dificultades lingüísticas, culturales y la distancia. Al mismo tiempo, solicitó la urgencia de personal y “que el Superior de la Misión viva en el Mezquital donde se encuentra el núcleo más grande de los Padres y su presencia es más urgente y necesaria porque a una distancia de 900 km no es posible gobernar y dirigir una Misión”. Después del Capítulo, el Consejo Superior convocó al padre Stefani, quién insistió en la necesidad de otro personal, debido al gran trabajo apostólico que los pocos Oblatos realizaban. El Consejo le aseguró que «le ayudaría en la medida de lo posible». En el mes de septiembre, el Consejo Superior declaró a México como Delegación Regional, nombrando al P. Alberto Libardoni como Delegado y a los P. Silvio Masante y Giovanni Stramare, quien también era Tesorero de la Delegación, como Consejeros.

A pesar de la escasez de sacerdotes, la nueva Delegación se dedicó a las vocaciones.

• En el Seminario de Monterrey, dirigido por el Prefecto, P. Saverio Galler, estudiaban más de 12 seminarista menores.

• Dos clérigos Ezequiel Barragán y Juan José Pérez, estudiantes de filosofia, en el Seminario Arquidiocesano “S. José de la Montaña” en Morelia, la capital del estado mexicano de Michoacán, a unos 830 km de Monterrey.

• En el Noviciado de Tomales, en California, había tres novicios mexicanos.

• Y en el Estudiantado Filosófico de Pittston (USA), el clérigo Emmanuel León estaba terminando sus estudios de filosofía.

Mientras tanto el P. Leobardo Prota planeó una “Escuela de Artes y Oficios” para los indígenas otomíes del Valle del Mezquital. El plan consistía en capacitar a los jóvenes en carpintería, ebanistería, zapatería, y agricultura; y a las jóvenes en costura, cocina, economía doméstica, mecanografía, etc. También se proyectó un internado para estudiantes. El proyecto era grande y ambicioso en comparación con las posibilidades reales de recursos y personal. Cabe añadir que el gobierno, laico y anticlerical, se oponía a cualquier trabajo apoyado por la Iglesia. Fue por eso que el Proyecto fue abandonado por falta de recursos y personal y por motivos políticos.

1959

Cuando el VII Capítulo General de 1958 decidió dividir la Misión Norteamericana en dos Delegaciones Regionales de California y Pensilvania, los Padres Silvio Masante y Vincenzo Mazzucco tuvieron que regresar a California. El nuevo Consejo de la Delegación Regional de México tuvo que pensar en nuevos nombramientos y traslados de Oblatos. El P. Giovanni Stramare tomó el lugar del P. Masante como primer Consejero y tesorero de la Delegación y el P. Enrico Tunesi fue nombrado segundo Consejero de la Delegación. Ésta estaba conformada de 5 comunidades: una en Monterrey y cuatro en el Mezquital, que como sabemos era un lugar árido, con pocos recursos, sinónimo de la más desolada pobreza. Los habitantes crecían, llegaron a ser 85.000, la mayoría de los cuales hablaban únicamente su dialecto otomí, en un área de aproximadamente 3.000 kilómetros cuadrados. La actividad pastoral consistía en preservar la fe junto con la verdadera evangelización y el desarrollo civil. Esta fue la nueva distribución del personal:

• El Delegado P. Alberto Libardoni, párroco en Ixmiquilpan y para ayudarlo fue enviado el recién profeso Hermano Coadjutor José Oscar Picasso, llegado del Noviciado de Tomales en California. Mas después de aproximadamente un año, Picasso dejó la Congregación y regresó con su familia.

• En Huichapan, el nuevo párroco era P. Giovanni Stramare,

• En Alfajayucan, el P. Emilio Tunesi.

• En este año se abrió la Casa en Tasquillo, quedando como párroco el P. Leonardo Prota, que fue encargado también de las “Misiones Culturales del Valle del Mezquital”.

• En Monterrey P. Enrico Tunesi fue nombrado Párroco con la ayuda del P. Saverio Galler.

Así que la nueva Delegación Mexicana quedó con solo siete Oblatos. Por esta razón, el nuevo Rector Mayor, P. Pietro Magnone, escribió con amargura: «México: es un problema. El Superior sigue suplicando "de rodillas". El obispo local, al ver la precaria situación de nuestros padres, terminó enviando un sacerdote auxiliar a una parroquia a cargo de la nuestra. Además, están convencidos de que en el pasado se hicieron promesas formales de enviar personal, así que ahora tampoco parecen cumplir su palabra». En el mes de septiembre, tres clérigos mexicanos llegaron a Italia para estudiar en el nuevo Estudiantado Internacional de Roma: los Hermanos Ezequiel Barragán, Emanuel León y el P. José Pérez. Era una tarea enorme y agotadora por los pocos Oblatos tanto que el Rector Mayor, P. Pietro Magnone, y su Consejo, al no tener sacerdotes disponibles, enviaron al clérigo teólogo Mario Tesio a Monterrey, quien retomó sus estudios de tercer año de Teología en el Seminario Arquidiocesano de Morelia.

1960

El P. Alberto Libardoni, además de ser Delegado y párroco de Ixmiquilpan, tuvo que tomar también la responsabilidad de la parroquia de Tasquillo. El P. Pío Stefani además de la parroquia de Huichapan asumió también la de Nopala. Más pronto surgieron algunos problemas: el P. Pío Stefani y el P. Leonardo Prota no se encontraban bien y empezaron a vivir de forma independiente. Por esta razón, el Rector Mayor envió, en finales de mayo, al Delegado de California, el P. Domenico Albertelli, como Visitador a México. El obispo local, al ver la precaria situación de nuestros hermanos, terminó enviando un coadjutor del clero diocesano a una parroquia nuestra. El 24 de julio, el arzobispo Miguel Darío Miranda y Gómez de la Ciudad de México visitó la Casa General en Roma. A los superiores les habló sobre la necesidad de incrementar la presencia misionera en el Valle del Mezquital. El arzobispo Miranda conocía bien la Congregación y la situación en Mezquital, pues había sido obispo de Tulancingo. A finales de año, el padre Angelo Degano se incorporó a la Delegación. Otra consecuencia de la difícil situación de la Delegación, debido a la escasez de personal, fue que el Seminario de jovencitos dejó de existir en Monterrey. Sin embargo, había seis clérigos estudiantes mexicanos: en el Seminario Arquidiocesano de Morelia; dos clérigos filósofos y el P. Mario Tesio del tercer curso de Teología, y en Roma tres clérigos mexicanos del primer curso de Teología.

1961

En el mes de febrero el Papa creó la nueva Diócesis de Tula y tres comunidades religiosas del Valle del Mezquital fueron transferidas de la antigua Diócesis de Tulancingo a la nueva Diócesis de Tula. El padre Pío Stefani permaneció como vicario parroquial en Huichapan, ya que la parroquia de Nopala pasó al clero diocesano. Al acercarse el final del mandato de tres años del P. Libardoni como Delegado, el se mostró reacio, por razones personales y pastorales, a aceptar la confirmación como Delegado, propuesta por sus Hermanos y Superiores. Mientras tanto, en su reunión del 2 de agosto, el Consejo Superior de Asti autorizó al Padre Libardoni a recibir los votos religiosos de los estudiantes clérigos en México. El 30 de junio, el Rector Mayor, P. Pietro Magnone, realizó la Visita Canónica en México a todas las comunidades Oblatas. Durante esta Visita el clérigo Mario Tesio, estudiante de cuarto año de teología, fue ordenado sacerdote en Ixmiquilpan. Mas debido a su ordenación sacerdotal, se vio obligado (fue expulso) a abandonar México debido a las leyes estatales que prohibían a los extranjeros ordenarse sacerdotes en el país. P. Tesio fue a Trabajar en Brasil, en el Seminario Oblato de Ourinhos como Prefecto y Maestro.

1962

A principios de 1962, eran ocho los sacerdotes Oblatos, en cuatro casas. Y en la reunión del Consejo Superior sobre México, celebrada el 27 de marzo de 1962, se decidió solicitar al Delegado P. Alberto Libardoni «que continuara en el cargo hasta una nueva elección». Esto se mantuvo hasta el 12 de junio, cuando el Consejo Superior confirmó al Consejo de la Delegación anterior por los siguientes tres años. El P. Libardoni permaneció como Delegado, con el P. Giovanni Stramare como Primer Consejero y Tesorero, y el P. Enrico Tunesi como Segundo Consejero. El P. Pio Stefani también continuó como Secretario de la Delegación. En la misma reunión del 12 de junio, el Consejo Superior se analizó el problema de las Misiones Culturales del Valle del Mezquital en Huichapan, a cargo del Padre Leonardo Prota. Las actas de esta reunión dicen: «Examinamos la situación, bastante precaria —y poco clara—, de la Misión del Mezquital, que supervisa el Padre Leonardo Prota. Existe el riesgo de tener que trabajar y quedarnos con las manos vacías, ya que la propiedad sigue en manos del Obispo y nosotros somos responsables de la administración. El Consejo solicita al Consejo de Delegación que aclare el asunto con el Obispo y luego le informe». La Misión realizaba actividades de asistencia y capacitación, especialmente para jóvenes. Como resultado de la intervención del Consejo Superior, la Obra se tuvo que abandonar. Entonces el P. Prota partió de México y fue a Brasil. En octubre el padre Delegado Alberto Libardoni llegó a Italia para descansar y llegó a la Casa General para reunirse con los Superiores y los clérigos estudiantes mexicanos. Este año entraron a estudiar en el Seminario de Morelia, dos clérigos: Giovanni Landaverde, estudiante de primer año de Teología, y Ernesto Callejas, estudiante de tercer año de Filosofía. Y el 30 de septiembre llegaron a Roma en el Seminario Internacional Oblato de Roma, para continuar su formación y estudios teológicos.

CONCLUSIÓN

Queridos cohermanos y queridos Laicos ligados a nuestra Espiritualidad y Carisma, este breve momento histórico que hemos recorrido nos demuestra con claridad cómo los inicios y los pasos sucesivos de esta hermosa Provincia mexicana han sido obra del Espíritu Santo y guiados por Él. Ánimo, ánimo, ustedes son hijos espirituales de misioneros y deben ser misioneros hoy, Religiosos y Laicos. Hoy también el Espíritu Santo quiere continuar evangelizando y promover humanamente por medio de sus vidas y sus testimonios. No lo olviden nunca: son hijos de misioneros y deben continuar su labor empezada por sus antecesores.

PERMÍTANME, QUERIDOS COHERMANOS Y LAICOS, DEJARLES 5
MANDATOS POR ESTE 75° ANIVERSARIO

1. La primacía de la oración en sus vidas.

Si ustedes no se ponen de rodillas cada día rezando y participando de la vida sacramental de la Iglesia, el Espíritu de Jesús no puede vibrar sus corazones. Tenía razón nuestro Santo Fundador cuando nos enseñaba a ser “intimos con Jesús”, como fue San José. Todos ustedes de esta bendita Provincia vivan en intimidad constante con Jesús. No se desanimen nunca, Dios está presente, Él está a su lado, camina con ustedes.

2. Amén y entreguen su vida al pueblo que Dios le ha encomendado, como hicieron los primeros Oblatos que llegaron a esta tierra.

Como bautizados, el Espíritu de Jesús los ha puesto en esta sociedad donde hay muchas contradicciones entre el estilo de vida del Evangelio y lo del mundo. La sociedad los “obliga” a polarizarse en cuestiones sociales, políticas y económicas. Mas los Hijos del Marello (religiosos y laicos), siguiendo a Jesús, deben fomentar la integración de las diferencias (generacionales, lingüísticas y nacionales) en una auténtica aceptación de la diversidad. El camino de la escucha; la aceptación mutua hecha de cordialidad y respeto; el discernimiento conjunto en un estilo sinodal; el perdón recíproco y el abrazo fraterno, es un camino largo y arduo, pero es el verdadero camino que nos lleva al crecimiento humano y espiritual. No se cierren a formas rígidas del pasado y no se dejen abrumar por las tormentas culturales actuales. Los bautizados están llamados a ser distintos, no distantes del mundo. Ustedes mexicanos y salvadoreños deben estar presentes en todos los acontecimientos de la sociedad, en política y economía, donde se toman las grandes decisiones, en fin, participar en su historia, sin dejarse esclavizar por el dinero y el poder. Dios los manda en el mundo para que sean “sal y luz”, para sanarlo y humanizarlo. Ustedes Hijos del Marello no pueden gozar de los hechos del pasado, más están llamados a ser una presencia terapéutica en la sociedad de hoy, y lo lograrán si tienen una coherencia evangelizadora para ser una presencia transformadora. El misionero debe colaborar a transformar las estructuras negativas y corruptas de este mundo, impulsando el desarrollo espiritual y humano de la sociedad. Marquen la diferencia, de lo contrario, la indiferencia crecerá a su alrededor. Sean tiernos con las personas alejadas de Dios y de la Iglesia, porque la culpa podría ser también de ustedes porque no supieron comunicar siempre su amor a Jesús; porque no siempre fueron su imagen; porque a veces no dejaron que la luz y el amor de Cristo brillen a través de ustedes. Queridos Laicos, acuérdense que la Evangelización y la Promoción humana no es exclusividad del clero o religiosos, es de todos los bautizados.

3. Las Vocaciones sean su prioridad en su apostolado, como lo fué para los primeros Oblatos llegado a México

Pidan a Dios que su ejemplo inspire nuevas vocaciones; y que todos los bautizados comprendan que el amor al Señor Jesús se demuestra no solo mediante la simple colaboración en actividades misioneras, sino sobre todo sintiendo un sentido de pertenencia y corresponsabilidad en la Misión de la Iglesia nuestro Instituto.

4. Difundan más la Espiritualidad Josefino Marelliana entre los laicos

Dicen nuestra Constituciones al artículo 83: “Los Oblatos de San José se comprometan a formar en el carisma y la espiritualidad josefino Marelliana a los fieles entre los cuales viven y trabajan, para que sientan como propio el espíritu de la Congregación y sean su expresión en el mundo, amen y sostengan las actividades de los Oblatos y sean sensibles a sus necesidades, propagando la devoción a San José, procurando vocaciones y, estando a su lado, dar un testimonio valioso de vida cristiana. Prestarán especial atención a los Agregados (Asociados) y a los Laicos Josefinos Marellianos, y también a los familiares de los cohermanos, bienhechores, ex–alumnos, agentes pastorales de las parroquias y al personal de nuestra Obras”. Los laicos deben vivir la Espiritualidad Josefino Marelliana e inspirarse con S. José, Custodio del Redentor y Esposo de la Virgen Maria y también en S. José Marello nuestro Fundador

5. Sean todos, Oblatos y Laicos, misioneros del Evangelio, sin fronteras y abiertos al mundo.

Las palabras de Jesús «Id y haced discípulos de todas las naciones» (Mt 28,19) vibraron en el corazón de los primeros Oblatos cuando llegaron a México, y hace unos años han vibrado en sus corazones cuando pisaron tierras salvadoreñas. Mas hoy deben continuar a resonar en los corazones de los Oblatos y de los Laicos de la Provincias Mexicana el mandato de Jesús, porque comprendan siempre más la urgencia de predicar el Evangelio ante los numerosos y serios desafíos de este tiempo en que vivimos. Continúen a imitar los primeros misioneros oblatos en México. Sí, hoy más que nunca se necesitan misioneros que no se limiten a los horizontes de su propia patria. Se necesitan personas valientes que no teman afrontar el sacrificio. Se necesitan personas apasionadas por la vida, por una vida digna para todos, donde nadie pase hambre, nadie falte de hogar y de trabajo. Ante el avance de una cultura secularizada, donde asistimos a la crisis de la familia, a la crisis de los valores inalienables, todos los bautizados deben estar verdaderamente convencidos de que la proclamación del Evangelio, en nuestros días, es oportuna y urgente, a pesar de los peligros que puedan surgir. Decía el Papa Benedicto XVI: “El compromiso misionero sigue siendo el principal servicio que la Iglesia tiene hoy para con la humanidad, es decir: guiar y evangelizar las transformaciones culturales, sociales y éticas; ofrecer la salvación de Cristo a los pueblos de nuestro tiempo, humillados y oprimidos en tantas partes del mundo por la pobreza, la violencia y la negación sistemática de los derechos humanos. Es verdad que a veces los cristianos carecen de credibilidad por no vivir todo el Evangelio y por estar un poco alejados de las situaciones concretas en las que viven la gente”. Mas hay que renovar nuestra fe y compromiso con el Evangelio de Jesús.

Queridos todos, muchas felicidades por este 75 aniversario de vida.

De lo profundo de mi corazón quiero decirles: “Gracias, muchas gracias, muchísimas gracias” por lo que hicieron, hacen y harán en esta hermosa tierra mexicana y salvadoreña. Jesús conoce sus corazones, sus necesidades y deseos. Quiere que vivan en serenidad, a pesar de las inevitables dificultades de la vida. No se desanimen nunca porque nunca Dios les va a abandonar. Recuerden siempre las palabras de Jesús: «¡ESTOY CON USTEDES TODOS LOS DÍAS, HASTA EL FIN DEL MUNDO!»

W México
W El Salvador
W los Oblatos de San José

P. Miguel Piscopo D’Ambrosio OSJ
Padre General emérito